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HUARAL

Literatura huaralina: La Campana

LA CAMPANA

Leyenda

Autor: Pedro N. Castañeda Pardo

En tiempos coloniales los pobladores de la Comunidad “San Pedro” de Pállac, del distrito de Atavillos Bajo, durante los meses de febrero y marzo, (época de abundante lluvia) acostumbraban bajar al fundo de Chupanka, ubicado en proximidades al pueblo de Huayopampa, para realizar la siembra del maíz. Esta actividad agrícola ha sido y es habitual en casi la mayoría de pueblos ubicados en las zonas alto andinas de Huaral.

 En aquel tiempo, mientras los veteranos de Pállac realizaban el sembrío del maíz en Chupanka, los niños pernoctaban con los más ancianos en el pueblo, distante a unas dos horas de camino cuesta arriba desde dicho fundo.

En efecto, cuando el pueblo descansaba, con una apacible tranquilidad, una noche hizo su aparición el león. Este era un animal enorme, cuya cabeza estaba bordeada con una larga melena, y en cada rugido mostraba sus filudos dientes y fuertes uñas, y que al desplazarse movía su larga cola que terminada en un fleco de cerdas. Su figura en la oscuridad daba miedo, pues algunos niños creyeron que se trataba del demonio.

  ¡Grrrraauuuuu!, ¡Grrrraauuuuu!  rugía el león, retumbando las solitarias calles del pueblo, sembrando pánico. Se trataba de un indomable macho!, que rasgaba el suelo, elevando la tierra por los aires en la oscuridad.

¡El grito ensordecedor del felino, despertó a los pocos  moradores!.

 Los niños tiritaban de miedo, al igual que los ancianos.  Seguidamente, el felino se perdió ante la atónita mirada de los curiosos, ocultándose próximo a la torre donde se hallaba la campana. 

¡Grrrrrraauuuuu!, ¡Grrrraauuuuu!, se escuchaba a lo lejos, cuando rugía buscando alguna presa!.

En eso, el felino, se topó con el lazo húmedo hecho de cuero de vaca que sujetaba a la campana desde suelo hacia la torre.  ¡Su olor a carne, lo excitó!. Era tanto su hambre, que trató de comerse el lazo que servía para repicar la campana y alertar a los moradores para las faenas comunales; así como, para prevenir de algunos peligros que podrían presentarse en la localidad.

El lazo al estar en contacto con la lluvia se había humedecido, razón por la que desprendía un olor a carne.  Ese hedor fue detectado por los poderosos olfatos del felino, quien abandonando su escondite, vino desde sitios lejanos, para saciar su hambre en el pueblo de Pallak.

Una vez en el pueblo, el león descubrió, que cuando rozaba el lazo, la campana sonaba. Inicialmente lo asustó.  Pero se dio cuenta, que los niños y ancianos al escuchar el tañer de la campana salían de sus casas directamente a la plaza. Los pocos moradores, en su mayoría niños, salieron creyendo que se trataba de cierta emergencia comunal o algún llamado de las autoridades principales del pueblo.

¡Pero grande fue la sorpresa!.  ¡El león empezó a atacarlos y a comérselos.

Así, el león, ante el éxito para saciar su hambre, repitió muchas veces esta estrategia, y casi acabó con los habitantes del hermoso pueblo de Pállac.

Cuando los campesinos retornaron del maizal de Chupanka, después de casi quince días, se dieron con la sorpresa que el león se había comido casi a todos los niños.   Solamente, algunos que permanecieron escondidos explicaron, que cuando repiqueteaban la campana, los pobladores, en su mayoría niños, salían; pero, insólitamente todos fueron devorados por la fiera.

Los comuneros, una vez enterados de la ingrata noticia, furibundos buscaron al asesino durante días y noches para darle su merecido. Pero, todo fue en vano.

A consecuencia de esta desgracia, este pueblo no ha podido aumentar su población, que en estos tiempos bordea solamente unos treinta comuneros.

 

Fuente: Libro “Valle Profundo” Remembranzas de Huaral - 2007

Autor: Pedro N. Castañeda Pardo

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